14.2.07

Hoy he tenido un día completísimo: A las 10,30 primera reunión para preparar el II Festival Coral de Primavera que se celebrará en mayo. Luego preparar la comida y comer deprisa solo. A las 3 de la tarde voy solo tambíén a clase de golf. Allí estoy una hora y media que dedico a perfeccionar el swing. Llego a casa a las cinco y media y a las seis me voy al ensayo de la Coral de Mestres Cantaires.
La verdad es que no me puedo quejar. He repartido las horas del día entre actividades culturales, artísticas y deportivas. No está nada mal.
Mañana marcho a Valladolid a pasar un día y medio con mis hermanas, aprovechando que está aquí Marichu que viene de Perú cada cuatro años. El sábado voy a Madrid y allí, con Maite, asistiré a una representación operística en el Teatro Real: Cavallería Rusticana y I Pagliacci.
A la vuelta dejaré aquí mis impresiones.

12.2.07

Ubi sunt? Pregunta sin respuesta que me hago con frecuencia, llegando a la conclusión de que tengo tantos conocidos "del otro lado" como de éste. Repaso mentalmente los familiares, amigos o simples conocidos que nos han dejado y compruebo perplejo que son más numerosos que los que continúan conmigo este viaje alrededor del universo.
Y la pregunta es inevitable: ¿dónde están? Hace años esta misma cuestión obtendría de mí una respuesta indudable: en el más allá. Hoy, sin embargo, una duda existencial es la única respuesta razonable que se me ocurre.
Esto hace que me asalte un pesimismo que impregna todo el devenir de mi vida. Si no hay nada más allá de esta existencia ¿para qué estamos aquí? ¿de qué le habrá servido a mi padre su vida de privaciones, de práctica escrupulosa de la religión? ¿cómo es posible que una persona tan culta y ejemplar como Juan Pablo II se haya equivocado hasta tal punto de dedicar su vida entera a una práctica que no lleva a ninguna parte?
Entiendo que esta misma duda metafísica habrá asaltado alguna vez a todos los mortales. Forma parte de la esencia misma del ser humano, condenado a perecer como todo lo que le rodea, pero con una inteligencia preparada para crear entornos de dimensiones inmateriales.
Supongo que a lo largo de este blog saldrá más veces este asunto que me tiene preocupado y continuaré profundizando en mi pensamiento.

10.2.07

Para empezar a cumplir lo prometido, aquí estoy vertiendo algunos pensamientos, al día siguiente de recomenzar. Y me tengo que retrotraer a días pasados, a mediados de enero:
A primeros de diciembre, para hacerme un regalo de navidad a mi mismo, solicité por internet un libro de canto gregoriano "Liber Usualis" a una editorial americana. Tuve que pasar mil y un calvarios porque, primero no me aceptaban mi Visa. Luego no aceptaban que hiciera una transferencia a su cuenta (no fueron capaces ni de facilitarme el número de su cuenta bancaria). Al fin tuve que enviarles, por correo certificado, un cheque nominativo, librado por el Banco. Todo un disparate, en la era de la informática. Saqué la conclusión de que los americanos no se fian ni de su sombra. Creo que en cualquier país europeo habrían admitido el pago por los sistemas tradicionales.
Bien, pues al fin, después de más de un mes de espera, supongo que cuando hubieron cobrado el cheque, que estaba emitido a la orden del Chas Manhattan Bank, me lo remitieron por correo, y me llegó a casa.
Puede parecer un hecho intrascendente, al que no vale la pena dedicar tanto espacio. Pues sí, para mí era un hito en mi vida. Me explico: durante ocho años que estuve estudiando en un Seminario, manejé casi a diario el dichoso Liber Usualis, pero nunca era mío. Mis padres no podían permitirse el lujo de comprarme uno que creo valía unas veinte mil pesetas. Miraba con envidia a los que se llevaban su liber a la habitación después de usarlo en la capilla, mientras yo tenía que dejarlo donde me lo habían dejado.
Seguramente se trata de un trauma juvenil, quizá adolescente. Pero ha estado ahí solapado bajo mi bienestar actual. Cuando comprobé en la página web de la editorial americana que sólo valía 170 $ que luego se quedaron en 144 € por el cambio ventajoso que disfrutamos actualmente, inmediatamente decidí que era un regalo de navidad que me podía permitir y lo pedí.
Hoy tengo el susodicho Liber Usualis como una joya en mi estantería y lo manejo casi a diario. Otro día hablaré de lo que me proporciona ese librote que sólo contiene cantos gregorianos, propios de la liturgia de la iglesia. Por hoy ya basta.

9.2.07

Bien, pues aquí estoy de nuevo. Ha sido una larga travesía del desierto. No quiere decir que haya dejado de cumplir la máxima que sirve de título a este blog; no, he seguido pensando. Lo que no lo he hecho en voz alta o en "teclado alto" ¿habría que decir?
Me propongo cumplir aquello de los latinos: nec dia sine litera. A ver si soy capaz de no dejar pasar ni un solo día sin escribir algo. Aunque supongo que será mejor esperar a tener algo que decir. Ya hay bastantes palabras huecas poblando las ondas. Prometo que si no tengo nada que decir, ese día no escribiré.
Hoy es día de tender un puente desde la última entrada hasta hoy, viernes 9 de enero de 2007.
Tengo unos cuantos años más, es verdad. Pero mi intelecto creo que sigue con sus plenas facultades de pensar, discernir, trasmitir y persuadir a otros.
Hoy, pues, empieza una nueva etapa. Hola a tod@s.