12.4.04

Hace tiempo que no escribo porque ando muy atareado. Mañana parto hacia Valladolid al frente de un grupo de 23 alumnos, a celebrar un intercambio con aquella Universidad. La preparación de tal evento me ha tenido superocupado. Como permaneceré allí hasta el domingo 18, tampoco volveré a escribir, al menos, hasta el lunes 19. Pero leo todos vuestros blogs.
He visto en estos días la película de Mel Gibson "La Pasión de Cristo". Me he visto obligado a ponerme una coraza frente a imágenes tan impactantes y exageradas sobre los castigos corporales. Pienso, y no soy un experto en temas médicos, que cualquier humano, con la mitad de pérdida de sangre, no hubiera llegado al Gólgota. Mi coraza consistió en repetirme a mí mismo que lo que salpicaba la pantalla y todo el patio de butacas no era sangre, sino ketchup. Aunque he leído en alguna parte una entrevista con el actor principal y confesaba que algún latigazo se les había ido y le había dado.
Si realmente quiso el Director y Productor ceñirse a los Evangelios, se ha pasado un montón. Más bien creo que lo que ha pretendido es una operación de márketing: crea inquietud en creyentes y no creyentes y funcionará el boca a boca. De hecho creo que lleva recaudado diez veces el coste de la cinta.
Yo no soy practicante, aunque nominativamente me considero católico. El espectáculo de los sufrimientos que se desarrollan en la pantalla no me han hecho recapacitar sobre mis ideas religiosas, ni nada parecido. Sólo, repito, me hizo renegar del exceso de imágenes impactantes. Hubiera sido mucho mejor algo más intimista. El arte se nota en que no necesita explicitar los sentimientos: se deducen de situaciones apenas descritas, miradas, sonido. No, Mel Gibson, como suele suceder en casi todo el cine americano, lo hace todo bien explícito, para que el público, su público, no tenga que trabajar con la mente. Basta ver las imágenes y "tragarse" sin digerir su mensaje.